Mendoza, Argentina
Hoy realizamos una excursión llamada "de alta montaña". Es la única opción que tenemos para ver el Aconcagua sin hacer un treking de varios días. O eres un montañero profesional o un turista de poltrona. Nosotros queríamos hacer una caminata de unas horas pero no fue posible.
Hicimos una parada para ver el Puente del Inca. Es un puente sobre el río Mendoza, completamente natural; una formación de varios componentes naturales, como azufre y calcio, que el deshielo de un glaciar dejó suspendida sobre el agua. Se llama así porque los incas cruzaban por él en el famoso Camino del Inca (una red de 42000 km de comunicación por toda Latinoamérica).
Paramos para ver el Aconcagua. El cielo estaba despejado y se apreciaba perfectamente. Nevado, sobresaliendo entre las demás montañas, sueño de montañeros que a veces pierden la vida y se quedan eternamente contemplándolo, enterrados en un pequeño cementerio junto al río.
Subimos al Cristo Redentor, en el monte Santa Lucía, a 4200 metros. División entre argentinos y chilenos que pasaron muchos años peleando por la nacionalidad de los picos de esta cordillera. Ahora los ríos son los que deciden. Si el río baja por el lado argentino, el pico es argentino y si baja por el lado chileno, chileno. El paisaje subiendo el impresionante, los andes en todo su esplendor.
Hicimos alguna otra parada menos interesante y regresamos a Mendoza. Cenamos en el hostal acompañados por el enorme y cariñoso perro que vive allí.
-Ana-
Fotografías
Aconcagua
Aquí parado, delante de esa mole de anchos hombros y entrecejo fruncido, con sus canosos glaciares arañándole el lomo y abriendo cicatrices sobre él, con sus rocas oscuras y las deshilachadas nubes que rondan su cima como si fueran buitres pacientes. Aquí parado, digo, se me asombra la boca y se me abre la mente ante la montaña más alta de toda la cordillera de los Andes. Y después sólo soy capaz de pensar en cómo llegar hasta allá arriba. Durante el resto del día no pienso en otra cosa.
-Luis-
-Luis-
Que lo sepas...
“Durante mucho tiempo estuve pensando que la vida, la vida de verdad, estaba aún por empezar. Pero siempre había un obstáculo en el camino, algo que debía solucionarse en primer lugar, algún asunto inacabado, ocupaciones, deudas por pagar. Finalmente me di cuenta de que todos esos obstáculos eran mi vida. Esta forma de ver las cosas me ha enseniado que no existe un camino hacia la felicidad. La felicidad es el camino. Así que valora cada momento que vivas y recuerda que el tiempo no espera por nadie. La felicidad es un viaje, no un destino." (Souza)
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