Que lo sepas...
“Durante mucho tiempo estuve pensando que la vida, la vida de verdad, estaba aún por empezar. Pero siempre había un obstáculo en el camino, algo que debía solucionarse en primer lugar, algún asunto inacabado, ocupaciones, deudas por pagar. Finalmente me di cuenta de que todos esos obstáculos eran mi vida. Esta forma de ver las cosas me ha enseniado que no existe un camino hacia la felicidad. La felicidad es el camino. Así que valora cada momento que vivas y recuerda que el tiempo no espera por nadie. La felicidad es un viaje, no un destino." (Souza)
Manu, PerúSalimos para la selva. Cuatro españoles más, dos australianos, dos holandeses, el guía y el conductor formamos esta expedición.El viaje fue largo pero muy entretenido. Las dos españolas parecen muy divertidas y la otra pareja de españoles, muy agradables. Paramos a ver chullpas (enterramientos de los incas) y una vez en dentro de la reserva hicimos andando parte del camino, hasta llegar al refugio. Fuimos observando la vegetación propia del bosque de nubes, las aves, las mariposas, etc...Observamos a los gallitos de las rocas (ave nacional del Perú) en danza de apareamiento, desde una plataforma oculta en los árboles. Es un pajaro rarísimo con una cabeza muy grande y un color rojo vivo sorprendente.Durante la cena hablamos y reimos mucho. Después seguimos la tertulia hasta que nos quedamos sin luz. Tenemos suerte de que en el grupo haya españoles es un descanso poder charlar y compartir experiencias.
-Ana-Parada para comerEl lugar es una típica casa de madera sin otro mueble que una pequeña mesa y un par de bancos corridos (uno de ellos cojo). Pertenece, por lo visto, a un anciano que vive un poco más abajo con su perro. Sube a curiosear. Camina con dificultad, apoyando las manos cruzadas en la espalda, inclinado en extremo hacia delante. Lleva un gorro-sombrero sin forma y su cara es cuero viejo arrugado, inexpresivo por el exceso de líneas de expresión. Lo saludo en castellano y me contesta; con el guía habla en quechua. Le dejan una hogaza plana de pan y lo que sobra de la coca-cola con la que comemos. -Luis-
Manu, PerúDespués del desayuno nos preparamos para el descenso en bicicleta. Nos pusimos el equipo, escogimos bici y en marcha. Fue bonito porque, salvo los australianos un poco autistas, los cinco españoles que lo hicimos nos lo tomamos con mucha calma. Vimos mariposas, hicimos fotos, reimos. El único que llegó a Pilcopata, que era nuestro objetivo, fue Ramón. Le preparamos una llegada a la meta con aplauso y todo. Después nos cambiamos de ropa, nos pusimos el bañador y nos fuimos a hacer rafting. Tengo que hacer una mención sobre el guía del rafting que era guapísimo y a todas nos encandiló. Nos lo pasamos genial. Gritamos, reimos, cantamos. Ibamos en una lancha los españoles y en otra los demás, así que fue una lucha para dejar el pabellón nacional bien alto. Paramos en una orilla donde había una roca muy alta y desde allí se tiró Luis al río y nadando contra corriente llegó a la lancha. Sandra se tiró también y con ella hubo que hacer una maniobra de rescate (sospechamos que para que Carlos, el guía, la salvara).Llegamos a Atalaya, de ahí tomamos una barca y nos fuimos al refugio.
La vegetación es completamente diferente a la del paseo en bici pues ya estamos en el bosque lluvioso.Comimos y nos relajamos. El refugio está a la orilla del río y es un lugar idílico. Por la tarde dimos un gran paseo por la selva con telescopio y prismáticos para obsevar aves. Se hizo de noche y vimos los ojos de los caimanes en el rio. Volvimos y cenamos riéndonos muchísimo con el grupo de españoles. Por último, tertulia nocturna.-Ana-Lo visto
Aguila solitaria, volando sobre nosostros en el recorrido en bici.Halcón, "jugueteando" con un pajarillo.Mono ardilla.Caimán, presunto flotador con canica pegada.Gavilán, cerca de su nido.Tucán.Guacamayo.Atrapamoscas.Oropendola y oropendola amázonica.Monjita.Palo Santo, árbol que vive en simbiosis con la hormiga de fuego.-Luis-
Manu, PerúNos levantamos tempranísimo para ir a ver a los loros comer arcilla en una ladera. Llegamos allí en barca. A las cinco ya estábamos sentaditos en las sillas con el telescopio preparado. Vimos cómo iban llegando los loros de cabeza azul, de ojo blanco y otro de alas rojas y amarillas. Un espectáculo maravilloso.Volvimos al refugio, desayunamos, descansamos un rato y nos fuimos con Germán a hacer canopying (volar de árbol a árbol deslizándose por un cable). Después de una larga caminata llegamos a la primera plataforma. Nos explicaron las normas y el procedimiento y
comenzamos uno por uno. Ciento cincuanta metros de cable y unos cuarenta metros de altura. Fue algo fascinante. Pasar entre los árboles y la naturaleza prácticamente volando. Grité muchísimo y todos nos hicimos fotos unos a otros. Estábamos excitadísimos. Lo repetimos tres veces más por distintos recorridos. Unos más cortos, otros más rápidos, más altos. Como colofón, al llegar a la última plataforma, bajamos haciendo rapel. Primero impresionaba un poco al estar colgado en la nada, pero fue fácil ir bajando.Volvimos entusiasmados. Comimos, por cierto el cocinero Miguel, aunque no como Marisol, cocinaba genial. Siestecita frente al río y paseo hasta un lago para ver a unas aves prehistóricas llamadas Epistocomus Hoazin. Extrañísimas pero bonitas. Por el camino, como siempre, vimos monos y varios tipos de aves, algunas ya conocidas por nosotros. En el lago, lugar espectacular, estuvimos con unos lugareños y vimos al ave que imita hasta cincuenta sonidos de otros pájaros.Regresamos y nos reunimos de nuevo para cenar. Era la última noche de Sandra y Ramón y nos tomamos varias cervezas como despedida. Muchas risas, hasta tarde, ya sin luz. Nos lo pasamos genial mientras a oscuras veíamos salir la luna sobre el río, como un amanecer en blanco y negro.-Ana-
Manu, Perú
Nos levantamos un poco tristes porque Ramón y Sandra terminan hoy su tour. Desayunamos juntos y después de besos y abrazos, ellos se fueron en barca y nosotros a la orilla del rio Madre de Dios, les cantamos, gritamos e incluso les hicimos la ola varias veces. Una pareja encantadora y simpatiquísima de valencianos (uno de Albacete y otra de Lima) con los que nos reimos muchísimo. A estas alturas del tour quedamos las dos chicas españolas, Gema y Ana, los holandeses, Nikkie y Paul, el guía, Rive y nosotros. El plan del día era ver una manada de pécaris comiendo arcilla en otra colpa. Primero les oimos comer en la distancia, luego vimos huellas y cuando llegamos a la colpa ya habían pasado por allí. Volvimos al refugio para ir a buscarlos en la zona baja después de comer. Regresamos a la expedición por caminos que habían sido destruidos dos semanas atrás por un viento muy fuerte. Nos sentíamos exploradores. Por fin en medio del camino vimos varios pécaris. El guía por señas nos los mostró, pero de repente uno de ellos nos olió y dió alarma.
Todos empezaron a correr, se oían a nuestro alrededor. El guía nos indico que permaneciéramos unidos en grupo. Fueron unos instantes de nervios. Cuando cruzamos un riachuelo y los dejamos atrás pudimos hablar, reir y comentar las sensaciones. Parece que ellos se pueden poner nerviosos y si estamos desperdigados, es más fácil que uno de ellos choque contra ti o te ataque, llevándose media pantorrilla con su colmillo. Las manadas pueden llegar a tener 50 ejemplares. Yo, por supuesto, estaba cagadita. Nos reíamos pensando que haríamos si veíamos a un jaguar o a una anaconda si estábamos así por unos cerdos. Cenamos, risas, cervezas y charla.-Ana-ReclamoLlegamos a la playa de piedras y buscamos un buen tronco en el que sentarnos mientras esperabamos la noche. Pero la noche no quería llegar y tuvimos que entretenernos con lo que teníamos en la mano, conversaciones. Una vez anocheció Rive conectó su parlante para reproducir el reclamo de un ave nocturna, el tutu, que canta como si fuera un borrego vomitando la cena. Desgraciadamente no pudimos verla porque no hizo caso del reclamo. Es un ave territorial y al oir a otro tutu en la zona suele acudir para expulsarlo. En esta ocasión, con toda seguridad, se encontraba lejos y no oyó la imitación.-Luis-
Manu, Perú
Hoy después de desayunar espléndidamente (panqueques) recogimos y nos fuimos en barca hasta Atalaya, y de ahí en autobús, de vuelta por los bosques hasta Cuzco. Paramos varias veces una de ellas en una plantación de coca.El viaje fue pesado pero nos teníamos preparado un premio para todos: cenar en un restaurante español. Cuando llegamos nos dimos el tiempo para una ducha y nos volvimos a juntar para ir al restaurante. Comimos tortilla, calamares, pan tumaca, brochetas, bravas...todo regado de cervezas y risas. El restaurante pertenece a un catalán afincado en Cuzco desde hace 10 años, muy cachondo. Por si quereis visitarlo el restaurante se llama "Kachivache".Nos despedimos de los holandeses y quedamos con las chicas mañana.-Ana-Bubu-boboso
Llegamos al dormido pueblo de Atalaya en el que nos estaba esperando Bubu, el conductor de autobús que había de llevarnos al Cuzco. Era un hombre con una calva incipiente, de unos 45 años y una bonita barriga. Desde su última aventura lo llaman Bobo o Boboso.
Por lo visto, uno de los días anteriores, él, dos guías y un cocinero, al terminar su tour y dejar a los turistas en los hoteles habían decidido tomar unas cervezas. Debieron de multiplicarse como ratas las botellas vacías. Debió de llegar alguna copita de pisco, incluso. Debió de calentarsele la boca a alguno y propuso visitar el protibulo. Allá se fueron, con uno de los vehículos de la empresa. Tomaron cuatro prostitutas y las metieron en el pequeño autobús. Se repartieron como buenamente pudieron. Las putas llevaban alguna sustancia en los pezones y los cuatro cayeron dormidos como piedras. Amanecieron sin ropa y sin cartera, dentro del autobús, cuando la mujer de Bubu entró alarmada y los encontró allí, borrachos y congelados, aparcados en un callejón oscuro. Ella se había preocupado por la mañana, al ver que su marido no llegaba a casa. Llamó a la empresa donde le dijeron que ya habían llegado la tarde anterior y que los huéspedes estaban en sus hoteles desde hacía más de doce horas. Ella tomó un taxi para ir al almacén donde guardan los carros de la empresa y vió el pequeño autobús aparcado en una bocacalle. Mandó parar al taxista y subió para ver el penoso espectáculo. -Luis-