El 21 de Agosto de 2007 empezamos un viaje para recorrer algunos países de Sudamérica: Brasil, Bolivia, Perú, Chile, Argentina y Uruguay. Hemos creado esta bitácora para ir anotando las cosas que pasan a espectadores como usté.
Habrá dos territorios separados: uno lleno de lo que Ana haya visto y el otro no.

Que lo sepas...

“Durante mucho tiempo estuve pensando que la vida, la vida de verdad, estaba aún por empezar. Pero siempre había un obstáculo en el camino, algo que debía solucionarse en primer lugar, algún asunto inacabado, ocupaciones, deudas por pagar. Finalmente me di cuenta de que todos esos obstáculos eran mi vida. Esta forma de ver las cosas me ha enseniado que no existe un camino hacia la felicidad. La felicidad es el camino. Así que valora cada momento que vivas y recuerda que el tiempo no espera por nadie. La felicidad es un viaje, no un destino." (Souza)
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CIX (07/12/07) Mendoza, AR

Mendoza, Argentina
Llegamos a Mendoza por la mañana, después de dormir toda la noche como benditos. Perdimos toda la mañana en el hospital pues quería estar segura de no tener ya las amebas del carajo. Los resultados de parasitología fueron negativos, ya está todo en orden.
A la vuelta del hospital recorrimos parte de la ciudad yendo de plaza en plaza y de jardín en jardín. Mendoza es muy verde y todas las calles están regadas de árboles que dan una sombra protectora que te libra del sol incansable.
Nos pertrechamos de comida para cocinar en el hostal estos días y nos tumbamos en el jardín a leer frente a nuestro cuarto.
Por la tarde paseamos por la plaza central y las calles peatonales plagadas de tiendas y terrazas. Es viernes por la tarde y la gente va de aquí para allá con bolsas. La Navidad se acerca. El árbol que hoy iluminarán y los paquetes de regalos nos lo recuerdan. Luis se toma una cerveza en una terraza y yo, agradeciendo la herencia que aquí dejaron los italianos, me como un gran helado de tiramisú.
-Ana-

CX (08/12/07) Mendoza, AR

Mendoza, Argentina
Preparamos un picnic para comer en el grandioso parque San Martín que tenemos marcado en el plano de la ciudad. Nos pasamos la mañana caminando pero el parque no era lo que esperábamos. Queríamos pasarnos el día tirados al sol, leyendo, pero no había mucho sitio para eso. Pasaban carreteras por todo lados y la mayor parte de las zonas pertenecían a clubs privados. Aún así estuvimos parte del día perdidos por sus caminos y aprovechamos, mientras descansábamos a la sombra de un ficus, para hacer experimentos fotográficos conmigo de modelo.
Después internet, jardín, cocina, cama.
-Ana-

Entre sombras
Los pies de Mendoza están frescos: por el agua que corre por las veredas de sus calles y por las densas sombras que los árboles proporcionan. El calor siempre anda huyendo, receloso, hacia los tejados y las parabólicas.
Hemos caminado varios kilómetros por estas calles y hemos recorrido casi todas sus plazas, pero no sabemos de qué color son sus edificios o si hay equipos de aire acondicionado en sus ventanas; no sabemos de sus pájaros ni hemos contemplado la ropa alegre tendida , manoseada por el viento; no hemos visto las torres de las iglesias ni las antenas para teléfonos celulares. El paraguas verde de Mendoza te protege y, como todo lo que protege, te roba algo.
-Luis-

CXI (09/12/07) Mendoza, AR

Mendoza, Argentina
Hoy realizamos una excursión llamada "de alta montaña". Es la única opción que tenemos para ver el Aconcagua sin hacer un treking de varios días. O eres un montañero profesional o un turista de poltrona. Nosotros queríamos hacer una caminata de unas horas pero no fue posible.
Hicimos una parada para ver el Puente del Inca. Es un puente sobre el río Mendoza, completamente natural; una formación de varios componentes naturales, como azufre y calcio, que el deshielo de un glaciar dejó suspendida sobre el agua. Se llama así porque los incas cruzaban por él en el famoso Camino del Inca (una red de 42000 km de comunicación por toda Latinoamérica).
Paramos para ver el Aconcagua. El cielo estaba despejado y se apreciaba perfectamente. Nevado, sobresaliendo entre las demás montañas, sueño de montañeros que a veces pierden la vida y se quedan eternamente contemplándolo, enterrados en un pequeño cementerio junto al río.
Subimos al Cristo Redentor, en el monte Santa Lucía, a 4200 metros. División entre argentinos y chilenos que pasaron muchos años peleando por la nacionalidad de los picos de esta cordillera. Ahora los ríos son los que deciden. Si el río baja por el lado argentino, el pico es argentino y si baja por el lado chileno, chileno. El paisaje subiendo el impresionante, los andes en todo su esplendor.
Hicimos alguna otra parada menos interesante y regresamos a Mendoza. Cenamos en el hostal acompañados por el enorme y cariñoso perro que vive allí.
-Ana-

Fotografías


Puente del Inca.


Aconcagua al fondo.


Valle del río Mendoza, cerca de la frontera con Chile.


Hielo picudo, bocarriba.

Aconcagua
Aquí parado, delante de esa mole de anchos hombros y entrecejo fruncido, con sus canosos glaciares arañándole el lomo y abriendo cicatrices sobre él, con sus rocas oscuras y las deshilachadas nubes que rondan su cima como si fueran buitres pacientes. Aquí parado, digo, se me asombra la boca y se me abre la mente ante la montaña más alta de toda la cordillera de los Andes. Y después sólo soy capaz de pensar en cómo llegar hasta allá arriba. Durante el resto del día no pienso en otra cosa.
-Luis-

-Luis-

CXII (10/12/07) Santiago de Chile, CH

Mendoza, Argentina - Santiago de Chile, Chile
Otra vez hacer las mochilas, cargarlas al hombro y tomar un autobús. ¿Cuántas veces deshicimos y volvimos a hacer el equipaje? Deberíamos cronometrarnos porque podríamos ganar un concurso de verano de esos en los que se demuestran habilidades estúpidas.
Se suponía que el viaje duraría unas siete horas, siempre dependiendo de lo que tardáramos en la frontera chilena. El caso es que estuvimos cinco horas parados en la aduana. Parece que a un bus peruano le faltaban papeles y visados. Cuando este bus por fin avanza y todos pasamos los trámites, registran a un oriental y encuentran un ordenador por partes entre su ropa. Como no tenía la factura de compra, le pusieron la gran multa. Otra hora más parados esperando a que nuestro amigo se decidiera a pagar. Pero eso no fue todo. A las cinco horas le tenemos que sumar dos horas más parados en la carretera a causa de un accidente. Dormimos, leímos, comimos y nos reímos un rato con un argentino enorme que no hacía más que decirnos tonterías. En todo ese tiempo que yo me hubiera comido al conductor, a su ayudante y a toda la aduana chilena, el resto de los pasajeros estaban tan tranquilos y sin quejarse.
Llegamos por fin a Santiago, de noche. Tomamos un taxi al hostal y siendo precavidos yo me bajé a confirmar que teníamos habitación (como llegamos tan tarde me imaginé que no habían respetado la reserva). Efectivamente, ya habían ocupado nuestro cuarto. En un ejercicio de autocontrol me fui sin mentarle la madre. Volví al taxi y recorrimos algunas cuadras hasta encontrar un hotel libre.
-Ana-

Los libertadores
El descenso del paso fronterizo de "Los libertadores", entre Argentina y Chile, es un interminable zig zag por una ladera grisácea y pelona. El negro del asfalto hace pensar en un juguete nuevo y los camiones en fila parecen bailar una suerte de vals multitudinario, tranquilo, mientras descienden.
Como el tráfico hacia Argentina es inexistente, se puede ver a los enormes trailers de dieciocho metros adelantándose continuamente. Los conductores de los camiones que bajan con carga van acodados en sus ventanillas, con la barbilla sobre la palma de la mano, con la mirada aburrida buscando algo en el lejano horizonte, oyendo la radio sin apenas escucharla, entretenidos en pensamientos profundos pero analizando las cosas desde puntos de vista irreflexivos, grirando el volante con la derecha de manera automática, sobrellevando los 20 kilómetros por hora.
-Luis-