Cuzco-Lima, Perú
Hoy viajamos a Lima. Veinte horas de autobús. Por la mañana nos dimos el último paseo por la Plaza de Armas y comimos en un balcón de la misma plaza. A las cuatro tomamos el bus.
Masaje (foto perdida)
El colorido mercado de Cuzco siempre está abarrotado. Hoy entramos por una de las escaleras laterales, en la que hay también vendedoras esporádicas de cosas pequeñas, como caramelos o cordones de zapatos. Dos ancianos ocupan parte de la estrecha y sucia escalinata. Ella está sentada tres o cuatro niveles por encima de él y tiene el pie descalzo. Él masajea con vigor el pie desnudo. Ella tiene cara de alivio, de gusto. Él de concentración en la tarea. Ambos llevan ropas quechua y deben rondar los setenta años.
-Luis-
Que lo sepas...
“Durante mucho tiempo estuve pensando que la vida, la vida de verdad, estaba aún por empezar. Pero siempre había un obstáculo en el camino, algo que debía solucionarse en primer lugar, algún asunto inacabado, ocupaciones, deudas por pagar. Finalmente me di cuenta de que todos esos obstáculos eran mi vida. Esta forma de ver las cosas me ha enseniado que no existe un camino hacia la felicidad. La felicidad es el camino. Así que valora cada momento que vivas y recuerda que el tiempo no espera por nadie. La felicidad es un viaje, no un destino." (Souza)
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LXXVI (03/11/07) Lima, PE
Lima, Perú
Llegamos a Lima a las doce. Nos acomodamos en el hostal. Compramos algo para comer y nos fuimos a ver el mar, desde que estuvimos en Brasil no habíamos vuelto a verlo, casi dos meses, para una gijonesa eso "ye mucho tiempu".
Estuvimos en un parque llamado Parque del Amor, en donde los bancos (tipo parque Güell) estaban decorados con poemas de amor. Recorrimos un paseo hasta un centro comercial muy bonito, integrado en la montaña frente al Pacífico. Tomamos una cerveza en una terraza viendo la puesta de sol.
Seguimos el paseo por Miraflores (un barrio residencial muy tranquilo que nos recordó al de Botafogo en Rio) hasta llegar a una Plaza de donde salía música de salsa. Nos acercamos pensando que había alguien tocando, cuando nos encontramos con un montón de viejitos bailando a todo ritmo. Fue muy divertido verlos disfrutar desmelenados.
-Ana-
Llegamos a Lima a las doce. Nos acomodamos en el hostal. Compramos algo para comer y nos fuimos a ver el mar, desde que estuvimos en Brasil no habíamos vuelto a verlo, casi dos meses, para una gijonesa eso "ye mucho tiempu".
Estuvimos en un parque llamado Parque del Amor, en donde los bancos (tipo parque Güell) estaban decorados con poemas de amor. Recorrimos un paseo hasta un centro comercial muy bonito, integrado en la montaña frente al Pacífico. Tomamos una cerveza en una terraza viendo la puesta de sol.
Seguimos el paseo por Miraflores (un barrio residencial muy tranquilo que nos recordó al de Botafogo en Rio) hasta llegar a una Plaza de donde salía música de salsa. Nos acercamos pensando que había alguien tocando, cuando nos encontramos con un montón de viejitos bailando a todo ritmo. Fue muy divertido verlos disfrutar desmelenados.
-Ana-
LXXVII (04/11/07) Lima, PE
Lima, Perú
Hoy es domingo, un día raro para estar en una ciudad nueva. Compramos unos sadwiches y bajamos a la playa. Dimos un larguísimo paseo por la arena y comimos. Subimos a un parque miraflorino y dimos otro gran paseo hasta llegar al Parque del Amor. Había unas vistas magníficas del mar y del sol sobre él. Tuvimos mucha suerte porque el día estuvo claro y soleado, así que los parques y la playa estaban llenos de gente disfrutando del domingo. Y nosotros, como los demás, domingueando. La verdad que no nos apetecía hacer otra cosa.
Nos sentamos en el verde a ver los parapentes saltar de la montaña. Escribimos un rato y volvimos al hotel. Ya de noche salimos a cenar al Parque Kennedy.
-Ana-
Piedras (foto perdida)
Las playas de Miraflores están sembradas de piedras; grandes cantos rodados que el mar arrastra arriba y abajo incansablemente, como un sísifo burlón con un sonido que, no sé porqué, me abre el apetito.
Ya estamos en primavera y el sol convierte el día en agradable. Es domingo y muchos limeños pasean por aquí. Todo el que se sienta en la playa acaba por agarrar una piedra y por tirarla al mar. Es un impulso irrefrenable, un vértigo al que se acaba sucumbiendo. Algunos, incluso, parece que sólo vinieran a eso: un padre con dos niños recopila un cargamento en los bolsillos de sus bermudas (que tiene que sujetar con ambas manos para que el peso no se las baje hasta los tobillos) para ir al espigón a tirarlas contra el agua.
-Luis-
Hoy es domingo, un día raro para estar en una ciudad nueva. Compramos unos sadwiches y bajamos a la playa. Dimos un larguísimo paseo por la arena y comimos. Subimos a un parque miraflorino y dimos otro gran paseo hasta llegar al Parque del Amor. Había unas vistas magníficas del mar y del sol sobre él. Tuvimos mucha suerte porque el día estuvo claro y soleado, así que los parques y la playa estaban llenos de gente disfrutando del domingo. Y nosotros, como los demás, domingueando. La verdad que no nos apetecía hacer otra cosa.
Nos sentamos en el verde a ver los parapentes saltar de la montaña. Escribimos un rato y volvimos al hotel. Ya de noche salimos a cenar al Parque Kennedy.
-Ana-
Piedras (foto perdida)
Las playas de Miraflores están sembradas de piedras; grandes cantos rodados que el mar arrastra arriba y abajo incansablemente, como un sísifo burlón con un sonido que, no sé porqué, me abre el apetito.
Ya estamos en primavera y el sol convierte el día en agradable. Es domingo y muchos limeños pasean por aquí. Todo el que se sienta en la playa acaba por agarrar una piedra y por tirarla al mar. Es un impulso irrefrenable, un vértigo al que se acaba sucumbiendo. Algunos, incluso, parece que sólo vinieran a eso: un padre con dos niños recopila un cargamento en los bolsillos de sus bermudas (que tiene que sujetar con ambas manos para que el peso no se las baje hasta los tobillos) para ir al espigón a tirarlas contra el agua.
-Luis-
LXXVIII (05/11/07) Lima, PE
Salimos decididos a conocer el centro de la ciudad. Está lejos de Miraflores, por lo que compartimos un taxi con un par de chicos del albergue (con uno de ellos llevamos coincidiendo en todas partes desde Bolvia).
Todos nos decían que Lima no merecía la pena. Incluso en un blog la definían como "Lima es una megaciudad megafea". Nosotros, en cambio, le estamos encontrando su encanto.
La Plaza de Armas es muy grande, dicen que la más grande de toda Sudamérica, y muy bonita. Está rodeada de edificios coloniales de color amarillo con balcones de madera y la coronan la Catedral y el Palacio Arzobispal.
El resto del día lo dedicamos a pasear y pasear descubriendo edificios, balconadas, ventanas enrejadas, en cada rincón. El ruido y la contaminación son lo peor de esta "megaciudad".
Cenamos en el Parque Kennedy de nuevo, el famoso ceviche limeño: exquisito pero un poco picante para mi gusto.
-Ana-
Guacamayo chino
Por encima del ruido de la ciudad, en uno de sus puntos más bulliciosos, el Barrio Chino, se eleva un graznido desgarbado y repetitivo. Me asomo a la puerta de la tienda en la que estamos comprando gel y cepillos de dientes y miro al cielo, miro también a ambos lados de la calle peatonal. En una esquina del edificio de enfrente, sobre la cornisa, un enorme guacamayo da la espalda a todo el mundo. Muchos ni siquiera miran hacia arriba, como si fuera algo normal verlo allí. Unos pocos, en cambio, cruzamos miradas de sorpresa.
Entro en la tienda, a llamar a Anita para que lo vea. Al salir ya no está, pero me doy cuenta de un detalle que antes había pasado por alto. Toda la esquina del edificio favorito del loro está completamente cagada, con trayectorias que la recorren siempre partiendo desde el mismo, como un ramillete de guano en posición invertida.
-Luis-
LXXIX (06/11/07) Lima, PE
Nos vamos de Lima rumbo a Trujillo, nuestro siguiente destino. Trujillo es una ciudad colonial situada al norte de Perú. Nuestra primera opción era recorrer el norte visitando varias ciudades poco turísticas, pero parece que las carreteras no están muy bien y con el comienzo de la época de lluvias hay muchos desprendimientos. Por eso sòlo iremos a Trujillo.
Perdemos todo el día en el autobús: salimos a las doce del medidía y llegamos a las diez de la noche. Sólo nos dió tiempo a comprar algunas cosas y cuando llegamos fuimos directos al hotel.
-Ana-
Los colores
Lima es un tiradero de casas a medio hacer, la mayoría, sin revocar. Tardamos más de una hora de salir del nucleo urbano. A parte de Miraflores, a parte de la zona centro, ...el resto parece ser una mancha uniforme. Todo es gris-marrón. Todo es del color del polvo y del humo de los carros. Los colores se van de Lima porque la pátina del tráfico los devora y tienen miedo. Los limeños necesitan conocer dónde se van sus colores. Parecen perdidos, si no.
La carretera está dominada en ambos sentidos por camiones y autobuses que parecen pequeños juguetes en la distancia, comparados con la gran ladera de arena que cae hacia el mar como un azucarero derramado. Las montañas se deshacen y da la impresión de que el caminar de un pequeño roedor en su cima pudiera provocar una avalancha.
Aves
Parece que es la hora de la pesca y miles de aves marinas se han echado a volar. Desde la carretera se ven como si resbalasen sobre la sucia superficie del mar. De vez en cuando, alguna se eleva y cae en picado, zambullédose por completo. Las olas forman blancos frentes que avanzan hacia la playa. Los pájaros, acompasados, forman negras ondas en dirección opuesta.
-Luis-
LXXXVII (14/11/07) Pisco, PE
Huaraz-Lima-Pisco, Perú
Nueve horas de viaje a Lima. Cambiamos de autobús y otras cuatro horas a Pisco, donde sucedió el terremoto de Agosto. Llegamos a las doce de la mañana. Nos dejaron en la Panamericana y ahí nos recogió un taxi porque el acceso a la ciudad está limitado para autobuses. Las casas que vemos desde el taxi están destrozadas. Hay tiendas de campaña y carpas por todas partes. Ingenuamente habíamos pensado que todo estaría en un estado más avanzado de reconstrucción.
El hotel lo encontramos por internet y lo reservamos por teléfono.
Lo que no sabíamos era que casualmente era uno de los pocos que seguían en pie.
El hotel lo encontramos por internet y lo reservamos por teléfono.
Dejamos las cosas y fuimos a buscar un sitio para comer. Sólo había un restaurante vivo. Por supuesto, comimos en él.
Paseamos y todo parecía en estado de guerra. Los hospitales son de campaña, las casas prefabricadas, escombros por todas partes. Las iglesias están derribadas y bajo los escombros de una de ellas ciento cuarenta personas murieron mientras estaban en misa.
Después de tres meses no hay rastro del alcalde ni de las ayudas monetarias. La gente está descontenta y desilusionada, mientras, viven en la calle sin agua ni luz.
La ciudad no puede ofrecer mucho a los turistas, así que mañana nos iremos.
-Ana-
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