El 21 de Agosto de 2007 empezamos un viaje para recorrer algunos países de Sudamérica: Brasil, Bolivia, Perú, Chile, Argentina y Uruguay. Hemos creado esta bitácora para ir anotando las cosas que pasan a espectadores como usté.
Habrá dos territorios separados: uno lleno de lo que Ana haya visto y el otro no.

Que lo sepas...

“Durante mucho tiempo estuve pensando que la vida, la vida de verdad, estaba aún por empezar. Pero siempre había un obstáculo en el camino, algo que debía solucionarse en primer lugar, algún asunto inacabado, ocupaciones, deudas por pagar. Finalmente me di cuenta de que todos esos obstáculos eran mi vida. Esta forma de ver las cosas me ha enseniado que no existe un camino hacia la felicidad. La felicidad es el camino. Así que valora cada momento que vivas y recuerda que el tiempo no espera por nadie. La felicidad es un viaje, no un destino." (Souza)

XXXV (23/09/07) Samaipata, BO

Samaipata, Bolivia
Don Gilberto vino a buscarnos al albergue por la mañana. Nos comentó que al final seríamos un grupo grande: 11 personas. Cuando llegamos al punto de partida de la ruta y dejamos los coches, salieron nueve chichos con vestimenta de sábado noche y yo, que aunque iba con todo mi equipo de Decathlon, no tenía muchas ganas de matarme, pensé "éstos no duran ni un asalto y me libran de una ruta larga".
Vimos helechos gigantes, orquídeas silvestres, todo tipo de árboles y también quetzales y cientos de mariposas. El paisaje era precioso, rodeado de montañas y valles.
Cuando llevábamos dos horas caminando, Gilberto nos dice que hay dos opciones. Ruta corta, caminar dos horas más o ruta larga, caminar cuatro horas. Yo, a poco que alguien me conozca, pensaba "la corta, la corta", pero los irresponsables prefirieron la ruta larga. Mierda.
Conseguí terminar en buena posición y entera y gracias a estos chichos cruceños aprendimos el eslogan: "¿Qué queremos? AUTONOMÍA, CARAJO". Al final, fue un paseo muy bonito y divertido.
Volvimos a Samaipata y cenamos en Latina Café a la luz de una vela. Por las noches hace frio y es un gusto, después de tanto tiempo, dormir tapaditos.
-Ana-

Cuento para nenes y nenas

Nenas como Emma o Victoria.
Nenes como Pablo.
En el bonito y lejano pueblo de Samaipata, en una pequeña calle lateral sin asfaltar; en una casa hecha de barro, con un patio, vive Don Gilberto. Lo mejor sería que vinieras tú a conocerlo, pero yo te puedo adelantar que es un señor de unos sesenta años, que tiene once hermanos, hijos y unos cuantos nietos ya. También tiene un bigotito pequeño como de antiguo actor de cine. Es bajito y está delgado.
Samaipata está rodado por grandes selvas llenas de animales y árboles y plantas. Algunos de ellos sólo los conoce Don Gilberto, que es muy aficionado a dar largos paseos. Pero bueno, no quiero extenderme, así que cuando vengas a Samaipata la semana próxima, o el año que viene, o cuando a tí te dé la gana, tendrás ocasión de que Don Gilberto te enseñe nidos con huevos diminutos, cóndores en vuelo, capivaras cerca del río o quetzales cantando. Tú podrás verlo y sabrás que no te miento.
También cerca del pueblo hay una roca muy grande, tan grande como el patio de una escuela o más aún. En la roca hay dibujos que hicieron los antiguos habitantes de estas montañas, hace tanto tiempo que ya nos hemos olvidado hasta de sus nombres. Cerca de la roca hay un misterioso agujero que perfora la tierra hasta muy adentro. Hay una leyenda que dice que de él podía salir una enorme serpiente echando fuego por la boca. Desde que éramos pequeños, todos temíamos a esa serpiente y Don Gilberto también. De hecho, siempre que se acercaba al agujero, llevaba una piedra al hombro para defenderse.
Después de muchos años, desde que era pequeño como tú, de haber vivido con ese temor, un día se decidió a vencerlo. Se dijo a sí mismo que el miedo es algo que sólo está dentro de nosotros, pero la valentía también. Basta con lograr que salga la valentía para que el miedo no se atreva ya a salir más. Hay que empujar a la valentía con fuerza. Aunque no sabía muy bien cómo hacer éso, se dirigió con decisión al agujero, que está algo alejado del pueblo. Acababa de amanecer y había un aire fresco que lo animaba y le daba energía para no volver a su cama, en su casa.
Utilizando una gruesa liana que colgaba de un árbol próximo comenzó a descender por el agujero. Se repetía a sí mismo que nada había que temer. Estaba convencido de que, si salía la serpiente mosntruosa, podría hacerse amigo de ella, igual que era amigo de toda la gente del pueblo y todos los animales de la selva.
Alcanzó el fondo, pero vió que la cueva no terminaba allí. Se extendía en la oscuridad, pero podía avanzar sin la liana, caminando. Estaba tan oscuro que caminaba a tientas, apoyando sus manos en las rugosas paredes de piedra. Decían que aquel agujeron lo habían hecho los mismos hombres antiguos que habían dibujado símbolos extraños en la gran roca. Caminó y caminó hasta que se sintió agotado. El temor ya no le molestaba en el pecho. Ahora sólo quería llegar al final del túnel. Quería saber si había o no había sepiente.
Presta mucha atención ahora, porque lo que Don Gilberto encontró al final del largo y oscuro pasillo fue algo extraordinario: cuatro enormes sacos de cuero llenos de pulseras, collares y adornos hechos de oro y plata. Se trataba de un enorme tesoro. Don Gilberto, de tan contento que estaba, echó a correr hacia afuera y se golpeaba con la roca porque no veía nada. Le daba lo mismo. Quería contarle a todos que no había serpiente, que era un tesoro lo que se escondía allí adentro.

Caminaba rápido hacia el pueblo mientras pensaba en qué iba a hacer con aquella enorme fortuna. De todas formas, algo en su interior no estaba del todo alegre. Algo le decía que debía mantener en secreto su descubrimiento. Decidió consultarlo con su almohada, mientras dormía.
El caso es que no pudo dormir. En su cabeza sólo había números y dinero. Los billetes volaban de un lado a otro, como si fueran palomas. Calculaba el peso de los sacos de cuero, cuánto dinero le darían por ellos, cuántas cosas podría comprar para él y su familia. Iba a ser el hombre más rico de todo el valle. Pero sus sueños, llenos de dinero, no terminaban de ser felices.
Veía a sus vecinos, que vendrían a pedirle ayuda. Él no podría negársela, claro. Pero luego unos verían mal que a los otros les hubiera dado algo más. Y su famila, seguramente, también le reprocharía que repartiera su dinero con extraños. ¿Y cuánto le daría a cada uno de sus hermanos? ¿Y a sus hijos? ¿Y a sus nietos? De la felicidad repentina por haber encontrado el tesoro, acabó pasando a una tristeza taciturna que no era propia de él. Su mujer lo miraba con preocupación. Sus hijos también. Sus nietos murmuraban entre ellos cuando lo veían caminar de un lado a otro del patio, a grandes pasos, con las manos a la espalda, como si quisiera medirlo una y otra vez.
Como necesitaba consejo, me vino a ver. Me contó su gran hallazgo, aunque nada dijo del lugar en que lo había encontrado. Mientras hablaba conmigo, parece que una idea, buena por la expresión de su cara, le cruzó la mente. Me dió una palmada en el hombro, me dió las gracias por nada y salió apresurado. Subió al monte en plena noche, recopiló hojas, hierbas y raíces y volvió a su casa para que su mujer le preparase un caldo con todo aquello. Ella, que lo había visto tan triste y preocupado los últimos días, no se negó, imaginando que ésa había de ser la solución al problema.
Al día siguiente, Don Gilberto apareció por el club de ajedrez, como solía hacer. Venía con su gran sonrisa, como solía venir. Hablaba del magnífico día que iba a hacer y de que iba a ir a oir a los quetzales cantar, como tantas veces. Como comprenderás, a mí me extrañó verlo tan feliz después de que estuviera tan preocupado. Cuando, más tarde, me encontré a su mujer en el mercado, me dijo que le había preparado una antigua sopa a base de hojas de boldo, raíces de tajibo y vira-vira que borraba de tu mente todo cuanto habías hecho los días anteriores. Una receta que me enseñó mi abuelita, me dijo.
Así, cuando vengas a Samaipata la semana que viene, o el año próximo o cuando realmente te apetezca, te presentaré a Don Gilberto, que es el hombre más rico del valle, aunque no lo sepa.
-Luis-

3 comentarios:

ADOLFO dijo...

Puta envidia.

Acabo de llegar al “trabajo”, y descubro que después de más de seis meses, volvemos a poder conectarnos a internet. Lo primero que pienso es en llamar a Andrea para que me diga la dirección del blog, y así por fin poder echarle un vistazo rápido, “estoy trabajando”
El vistazo rápido, se convierte en una lectura sin pausa de los 34 archivos, que me lleva entre leer, mirar las fotos y reflexionar sobre lo que leo y veo, casi tres horas, ¡joder!, tres horas y todo sin hacer.
El resto de la noche, entre ronda y ronda, y durante ronda y ronda también, me lo paso pensando en todo lo que acabo de leer:
-“joder que güay”.
-“ cabrones, que viaje se están pegando”.
-“Ana también escribe bonito, ¡eh Meri!”.
-“cuando venga Luis tengo que preguntarle que tomó en el Lago Freitas”.
-“Y yo aquí currando”.
-“joder que mierda”.
-“pero que bien escriben los dos”.
Toda la noche dándole vueltas a lo mismo, ¡¡Puta envidia!!.

P.D.: Perdonar por no haberos escrito antes, ya sabéis que en estas fechas estamos muy liados con los libros.
El blog me encanta, ¡que bien escribís los dos!, y que bien lo define Sonsoles, “Ana pone la mirada y Luis el perfume”, es perfecto.

BESOS.

EVA dijo...

HOLA, ¡QUÉ BIEN LO ESTAIS PASANDO! ¡¡¡¡EHHHH !!!!

NOSOTROS AQUÍ, "PRINGAOS" HASTA LAS TRANCAS Y VOSOTROS CONOCIENDO MUNDO .....ESTO NO SE PUÉ AGUANTÁ

TODAVÍA NO HE PODIDO LEER CON CALMA TODO LO QUE HABÉIS ESCRITO PORQUE, COMO SABÉIS, LA CONEXIÓN A INTERNET LA TENGO EN LA TIENDA Y EN ELLA, DESDE EL MOMENTO EN QUE TRASPASAMOS LA PUERTA, DEJAMOS DE SER PERSONAS PARA CONVERTIRNOS EN AUTÉNTICAS "MÁQUINAS DE HACER DINERO", SIN SENTIMIENTOS, SIN AFECTOS, SIN REMORDIMIENTOS.....

DE TODAS FORMAS, EN CUANTO PUEDA, ME LEERÉ TODO, "C POR B" Y PODRÉ EXPERIMENTAR LA PUTA ENVIDIA QUE SINTIÓ ADOLFO EN SU MOMENTO.

OJALÁ TUVIÉRAMOS COJONES PARA LIARNOS LA MANTA A LA CABEZA Y MANDAR TODO AL CARAJO, HACIENDO LO QUE NO DÉ LA GANA, SIN DEJAR QUE LA VIDA NOS LÍE COMO NOS LÍA. ES NUESTRA VIDA, EN TEORÍA DISPONEMOS DE TOTAL LIBERTAD PARA HACER LO QUE QUERAMOS, PERO ES MENTIRA.¡¡¡¡MENTIRAAAA!!!!!!.......¡ESTAMOS ATADOS DE PIÉS UN MANOS!...ESTO ES PARA PARTIRSE.

BUENO, ESPERO QUE A PARTIR DE AHORA, MIS "BREVES" COMENTARIOS OS ACOMPAÑEN DE VEZ EN CUANDO.

UN BESO MUY GRANDE PARA LOS DOS.(PERDONAD EL ROLLO)

DORI dijo...

Estoy leyendo un libro que se titula" No te ahogues en un vaso de agua".Me gusta , tiene muchas enseñanzas válidas si fuera capaz de seguirlas.
Una de ellas dice: La vida es lo que sucede mientras estás ocupado en hacer otros planes.
Claro que ese no es vuestro caso porque me imagino de no tendreis tiempo para hacer planes ;
1º porque no parais
2º porque tendreis que descansar y dormireis como troncos.
(Luis , si te viera Emma seguro que se ratificaría en lo de dormilón.)
No me imagino a Ana con esas caminatas, seguro que al fin del día no puede con la mochila.
Me uno a la opinión de vuestros amigos y yo también tengo envidia .
La filosofía del protagonista de tu cuento es fantástica , pero que pocos serían capaces de llevarla a efecto.Parece mentira las vivencias que estais teniendo , no sé donde encontrais esos lugares y a esas personas, parecen de cuento totalmente "irreales."